La mujer ha enfrentado barreras
institucionales, el llamado techo de cristal y otros estigmas formidables que
le han complicado su progreso en el trabajo. Pese a estas trabas, las mujeres ha continuado luchando
por sus derechos; educándose más y estableciendo sus propios negocios.
[Publicado en la Revista "Centro Unido en Acción"]
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Emprendedoras que abren su negocio, lo consideran
preferible y más gratificante que batallar los obstáculos tradicionales del
empleo. Se trata de tomar control sobre la carrera, el tiempo y las finanzas personales;
moverse de la inestabilidad que actualmente proveen las corporaciones grandes;
ser arquitecta del crecimiento personal y no ser víctima de expectativas
incumplidas.
La participación empresarial de la mujer
está en franca ascendencia y es significativa. En Estados Unidos el crecimiento
de negocios cuyos dueños son mujeres es tres veces mayor que el crecimiento de negocios
en general. Está probado que las
emprendedoras son exitosas porque tiene mucha confianza en sí mismas.
Aunque las recompensas son grandes, establecer
un negocio propio es estadísticamente riesgoso. Estudios reflejan que un 50% de los negocios nuevos fracasan el primer
año. De los que sobreviven, el 80 % cierran en cinco años.
Las mujeres tienen que ser particularmente
precavidas. Emprendedoras en toda la nación encuentran que tienen más
dificultad procurando financiamiento y estableciendo credibilidad como dueños
de negocios. Esto crea retos adicionales que los hombres en situaciones
similares no tienen que atravesar.
Lo anterior no debe de tomar por sorpresa a
las mujeres dado el prejuicio histórico- pero ciertamente es un aviso al cual
hay que prestarle atención. Antes de
lanzarse, evalué los retos reales y prepárese bien. Lo bueno es que hay muchos recursos disponibles.
Un gran reto es entender la naturaleza de
la nueva empresa. El negocio y el dueño no es una y la misma cosa. Por más pequeña que sea la empresa, contiene
múltiples componentes. Particularmente crítica es la interacción de la parte técnica, la administrativa y la empresarial,
tres áreas totalmente diferentes pero necesarias para lograr un negocio exitoso.
¿Quién no conoce personas que se destacan -
no por lo bien que hacen su oficio- si no por la prosperidad de su
empresa? Es que una cosa no tiene que ver con la otra. Para
tener una galería de arte no hay que ser pintor. Tampoco el que uno sea un excelente pintor garantiza
que la galería será un éxito. Esta
distinción es importante porque ser un dueño de negocios conlleva mucho más que ser bueno en un oficio. Se debe
atender el negocio desde la perspectiva empresarial para tener una visión,
planificar el futuro y diseñar estrategias. La mentalidad administrativa nos permite crear sistemas y procedimientos para manifestar esa visión
y la parte técnica es la que hace el producto o rinde el servicio.
Al principio la emprendedora tendrá que colocarse tres sombreros y aprender a distinguir cuando
corresponde ponerse cada cual. Si se enfoca
mucho en la producción, descuidará la administración y la fase empresarial.
Esto causará que no se pueda planificar o identificar
nuevas oportunidades de negocio; le impedirá trabajar en la venta o mejorar el servicio. Si la propietaria pierde mucho tiempo en la
administración su producción mermará. En
fin es crítico mantener un balance óptimo.
Otro aspecto importante para la mujer es el
balance entre el trabajo y su familia. Es
aconsejable adiestrase en técnicas de manejo del tiempo pues al principio
trabajará largas horas; cada vez más a medida que el negocio crece. Presupuestar para contratar ayuda es un componente
crítico para lograr ese balance.
La habilidad de jugar múltiples bases por
largas horas- aún si la persona es diestra- podrá funcionar durante un tiempo pero al
final cuando se va la euforia del juguete nuevo, si la emprendedora no ha evolucionado se quemará, se frustrará y cerrará su negocio. De hecho el agotamiento es la causa principal
por la cual los nuevos negocios fracasen.
Evolucionar implicará desistir de hacerlo todo y comenzar a implantar sistemas y reclutar personas que le
permitan a la emprendedora trabajar más sobre la empresa y no dentro de ella. En las empresas jóvenes hay que estar bien
enfocado y hacer mucho con poco. Un
coach de negocios puede ser un recurso
valioso en esta misión pues su propósito es ayudar al empresario a precisar dónde
está, hacia donde quiere ir manejar las posibilidades que separan ambos puntos. No
se trata de trabajar más duro si no de manera inteligente.
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